Festival de Mérida en Madrid 2026
Un análisis de la obra «Las Troyanas», de Eurípides, dirección Carlota Ferrer
La obra
Texto: Las Troyanas, tragédia de Eurípides (Flía, Ática, ca. 484/480 a. C. – Pella, 406 a. C.)
Adaptación: Isabel Ordaz y Carlota Ferrer
Dirección y coreografía: Carlota Ferrer
Reparto: Isabel Ordaz, Carlota Ferrer, Mina el Hammani, Cristóbal Suárez, Carlos Beluga, María Vázquez, Selam Ortega, Ana Erdozain.
Teatro La Latina, Madrid.
Temporada: 24 al 28 de junio de 2026.
Fecha en que asistí: 28 de junio.
Análisis del espectáculo
Ver «Las Troyanas» de Eurípides, dirección Carlota Ferrer me remite al presente.
Pero no se trata de cualquier presente, sino a un presente anunciado. Pues la guerra y sus consecuencias ya eran visibles mucho anta de que se instalara entre nosotras.
Y Casandra, así como Prometo – aquél que ve antes – es siempre un sin lugar, un desencaje en una realidad movida por la máquina de los deseos egoístas y los sueños de grandeza, que ve solo lo que les interesa, sin jamás pensar en sus consecuencias, mismo que legales. Algo que la obra de Ferrer deja en transparencia.
Considero positivo que sea una obra creada por mujeres y que las creadores sean también actrices pues eso rompe con el modelo del actor que no piensa. Sí, los actores y la actrices piensan de muchas maneras: con sus cuerpos, con sus emociones, con la percepción fina de la relación con el público y también desarrollando otros roles. Por eso esta obra es especial. Estoy segura que el proceso creativo y de producción fue diferenciado y felicito a todo el equipo.
La escenificación
Al principio todo me pareció demasiado artificial. El coro de cuerpos moviéndose, las camisetas blanco/negras con números de identificación, las imágenes, algunas escatológicas, proyectadas, no cuadraban con la desolación anunciada por el escenario.
El texto y la interpretación
A medida que las actrices tomaron la voz, todo cambió. Dígase, el espectáculo contó con muy buenas actrices y actores, en lo verbal y también en lo gestual. Isabel Ordaz está maravillosa como Hécuba y su fuerza contagia a los demás compañeros de reparto. El texto, bien adaptado, bien ceñido a cada personaje, cobro vida y cobro su fuerza original.
Las coreografías
La coreografías y partituras corporales son poéticas, sobretodo cuando se una a la palabra. La entrada de Casandra (Carlota Ferrer), da otro dinamismo al espectáculo.
El escenario
El escenario del Teatro La Latina, donde se representó la obra es italiano, pero la entrada de los actores cambió un poco la dinámica actor-espectador. Los actores entraban por varias partes: desde los bastidores, por las patas; desde la barraca y también a partir del patio de butacas, el espacio destinado al público.
El es sugerente y versátil. Compuesto por una barraca de tela blanca de campamento de guerra, de un telón cinematográfico y de una pequeña televisión en el suelo, en la lateral derecha, a mi ver, poco expresiva, por poco visible a distancia.
La barraca
Materializaba la condición de campamento de refugiados o campo de concentración y servía de puerta de entrada y saluda para personajes y grupos, sobre todo el coro.
El telón
Fue una solución fantástica para ampliar el escenario, pues permitió un efecto cinematográfico simultaneo y conectado con la escena central, a la vez que dejaba espacio para el desarrollo de las escenas.
La pequeña televisión
En mi opinión, que veo bien a distancia e identifiqué los elementos que se proyectaban en la pequeña televisión: escenas Dada, Artaud y otras imágenes sin mucha conexión con el escenario. Entendí como un efecto de distanciamiento, una referencia a la inutilidad de la sociedad de la información en que vivimos, pero, algunas personas no la podían ver e identificar sus contenidos, porque era pequeña y distante. Quizás la misma idea podría ser aprovechada en la proyección, sea en el telón cinematográfico o en otro suporte, algo que aumentase la visibilidad.
La Luz
La iluminación estuvo sutil, con pocos efectos especiales, excepto el humo, moderado y constante. Quizás podrían lanzar mano de gobos u otros efectos en la escena de Cassandra, que merecía algo más. Pero la luz cumplió su función de permitir que se los actores fuesen vistos y de generar ciertos climas emocionales.
El coro
que sería de puerta de entrada y saluda para personajes y grupos, conservó espacio libre para el desarrollo de las escenas y para las acciones del coro, en su mayoría partituras gestuales, con o sin música, pero bien coreografiadas.
La situación habla por si: un escenario de guerra, o mejor, un campo de refugiados que más parece un campo de concentración y en el centro, las victimas de siempre: mujeres y niños.
No importan los motivos. Las guerras existen y terminan con acuerdos sórdidos, vencedores y perdedores.
Análisis sociocultural y político
¿Las mujeres?

¿Qué ha cambiamos en la situación de las mujeres víctimas de guerra desde que Euripides, 2.500 años atras, escribió «Las Troyanas»? Muy poco.
Pues, si la poesía tiene sus licencias, las guerras mucho más. De ahí su analogía con el amor: «En el amor y la guerra todo vale».
Y las mujeres son vistas como objetos del deseo y moneda de cambio, en ambas situaciones: en el amor y en la guerra. Lo que bien puede justificar la figura de Elena de Troya, o de Esparta, como causante, y Afrodita (Venus para los romanos) como precursora, de uno de los conflictos más violentos del mundo antiguo, apuntado por muchos historiadores como causante del fin del mundo griego.
Lo que no es posible hacer a la vista de todos, debido a las leyes actuales, se hace de modo oscuro, ocultamente. Proba de eso son las Listas de Epstein
Pues las mujeres y los niños son las mayores victimas. Las personas que se ven desprovistas de identidad, protección, humanidad y derechos; indivíduos absolutamente vulnerables y profundamente miserables. Mano de obra barata para las perversidades humanas, como se de un festín se tratara.
La guerra
La guerra es un festival de atrocidades, un festín de aberraciones, taras y perversidades y sigue siendo cosa de hombres.
Son los hombres que deciden, las mujeres dejan de ser humanas y iguales delante la ley, porque no existen leyes. Es un carnaval – fiesta de la carne, nunca mejor dicho – donde todo se puede, donde se producen riquezas y miserias, a la fuerza.
Pero, de todo se sale y también de las guerras. ¿Cómo salimos? Pagando un precio.
Hay que preguntarse si es posible pagar precios tan altos. Si es aceptable para nosotras ser tratadas como «no ciudadanas», retroceder más de 2.000 años en la historia… Después de todo lo que hemos, supuestamente, avanzado. ¿Será que, realmente, avanzamos? No se lo que respondería a Darwin… O a Freud.

Charles Darwin, «La evolución de las espécies». Freepik
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